TUDOR 1926 Luna: cuando la relojería se encuentra con la poesía lunar

Hay relojes que dan la hora, y hay relojes que cuentan historias. El TUDOR 1926 Luna pertenece claramente a la segunda categoría: una pieza donde la técnica relojera se mezcla con simbolismo, arte y un toque de fantasía inspirado en la luna.

Un debut bajo la luna llena

La llegada del primer modelo con fases lunares dentro de la colección 1926 marca un momento especial para la firma. La luna, tradicional emblema de reunión familiar y armonía en muchas culturas, sirve como hilo conductor de este lanzamiento. Para celebrarlo, la marca decidió sumar creatividad externa y colaborar con el polifacético artista Jay Chou, cuya sensibilidad artística aporta carácter al proyecto.

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La luna como inspiración mecánica

Un calendario convencional sigue el ritmo del sol y divide el tiempo en días de 24 horas. Sin embargo, la luna tiene su propio compás: un ciclo de unos 29 días y medio. La complicación de fases lunares traduce ese ciclo al lenguaje de la relojería, mostrando de forma visual cómo el satélite crece y decrece en el cielo.

Esa dualidad entre tiempo solar y tiempo lunar es parte de su encanto. Algunos años incluso regalan 13 lunas llenas, recordándonos que la naturaleza no siempre encaja perfectamente en nuestros calendarios.

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Estética que juega con la luz

La colección ofrece esferas abombadas con acabado tipo “rayos de sol” en negro, azul o champán. Estas superficies no son planas ni simples: reflejan la luz de forma cambiante, generando matices distintos según el ángulo.

A las seis en punto aparece la ventana de fases lunares, que añade un matiz poético al conjunto. En la versión champán, el disco dorado y los contrastes oscuros evocan una luna que se esconde y reaparece entre sombras.

Los números arábigos aplicados en las posiciones pares, combinados con índices facetados y agujas de estilo espada, crean un equilibrio entre clasicismo y detalle refinado.

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Ingeniería discreta pero precisa

En el interior trabaja un movimiento mecánico regulado con altos estándares de precisión. Aunque no se vea a simple vista, presenta acabados cuidados que reflejan la tradición relojera suiza.

La caja, construida en acero inoxidable 316L, ofrece robustez y resistencia a la corrosión. Con corona y fondo roscados, alcanza una hermeticidad de hasta 100 metros. Algunos detalles en tonos oro rosa aportan calidez visual sin perder sobriedad.

Un brazalete pensado para el día a día

El brazalete metálico de siete eslabones mezcla superficies satinadas y pulidas, logrando un juego de contrastes elegante. Más allá de la estética, está diseñado para adaptarse cómodamente a la muñeca y acompañar al usuario durante horas.

Espíritu clásico, mirada contemporánea

La línea 1926 toma su nombre del año en que nació la marca y representa su visión más atemporal. Son relojes mecánicos elegantes, disponibles en varios tamaños y pensados tanto para hombre como para mujer.

La incorporación de las fases lunares no rompe con ese ADN clásico; al contrario, lo enriquece. El 1926 Luna demuestra que la tradición puede dialogar con la creatividad y que la relojería también puede ser una forma de contemplar el cielo desde la muñeca.

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